Crítica: "La Casa de Jack". La violencia y la transgresión del arte


Título: La Casa de Jack.
Título original: The House that Jack Built.
Reparto: Matt Dillon, Uma Thurman, Bruno Ganz, Riley Keough, Siobhan Fallon Hogan, Sofie Grabol.
Director: Lars Von Trier.
Calificación: 4/5 Estrellas

Conocido por su incisiva filmografía, Lars Von Trier (Dogville) se ha labrado una reputación como uno de los cineastas más recriminados de la actualidad y, aunque esto queda sujeto al subjetivismo de sus observadores, no hay duda de que -en efecto- maneja un discurso que suele levantar más cejas que ovaciones.

Sin embargo, tampoco puede negarse que posee un peculiar "encanto" (si así puede llamársele) al momento de presentar un proyecto y es que, aunado al repudio que genera para con ciertos sectores del medio y el público, atina en cumplir con su constante postura de que el arte debe incomodar para cumplir con su propósito y, fiel a su palabra, el cineasta danés presenta "La Casa de Jack" para dar una muestra de ello.

Protagonizada por Matt Dillon (Loco por Mary), la hoy sentenciada cuenta la historia de Jack, un asesino en serie que le narra a un misterioso interlocutor cómo sus crímenes representan arte para él. A lo largo de cinco ejemplos, Jack pretenderá justificar sus actos a través de su visión del mundo creativo mientras se enfrenta a un constante cuestionamiento sobre sus motivaciones a la par que intenta construir su casa ideal.


A partir de la premisa mencionada, Von Trier ofrece una cinta íntima. Sin abandonar su estilo narrativo, el director construye -por redundante que se lea- un discurso en el que tanto su montaje como su apartado artístico introducen al espectador dentro mundo del protagonista en el que los primeros, inadvertidamente, pasan a ser cómplices del segundo.

Lo anterior se torna casi palpable gracias a un juego de cámara que resalta planos cerrados, que realiza acercamientos en momentos clave y que permanece en constante movimiento para crear una sensación en la que la incomodidad del apego físico raya con la tensión de un discurso que conjuga lo grotesco con la expectativa de constantes golpes para con la sensibilidad.

Esto y una paleta de colores otoñales, en los que predominan tonos rojizos y caoba con vetas azuladas, hacen que la hoy sentenciada goce de una imaginería compleja y cargada de simbolismos -casi religiosos- que no son ajenos al trabajo del cineasta.


Con un conjunto de alegorías para con distintas corrientes del arte, la producción sostiene un discurso agresivo para con una naturaleza humana que se representa en la arquitectura, la pintura y la música, principalmente; y que bien podría interpretarse como un manifiesto totalmente personal de su hacedor para con el instinto natural de la irracionalidad.

En este sentido, el proyecto se nutre de un guión que es, en sí mismo, uno de sus puntos más ambiguos, pues Von Trier explota al máximo su estilo, abraza aquel desprecio con el que ha sido recibida su obra y arroja un enunciado alejado de la hipocresía con el que pretende -y consigue- levantar ámpula.

Sin embargo, este mismo aspecto hace que por momentos el filme pierda un poco su rastro y dé algunas vueltas en círculos para complacer cierto narcisismo que se inclina en una autosatisfacción exagerada que puede cansar a algunos.


Por su parte, Dillon ofrece una actuación sobresaliente, logra matizar con detalle a un personaje complejo y sencillo al que le da un volumen por medio de una personalidad arrogante que llega a una misoginia que lo convierte en un ser totalmente despreciable pero que, a pesar de ello, despierta una curiosidad morbosa en el espectador que impide apartarse de su relato.

En conclusión, la hoy sentenciada es un filme atrevido, uno que no teme agredir a su audiencia en pos de dar un golpe seco y contundente a los detractores del trabajo del cineasta danés, quien por momentos se vanagloria de su irreverencia y llega a caer en el egocentrismo que le caracteriza. No obstante, es una producción que se puede analizar de fondo y que recuerda por que goza del estatus que tiene en el séptimo arte.


Cargada de una violencia que puede incomodar a muchos debido a su explícita puesta -aderezada de humor negro-, una apartado visual y musical que atrapan desde el principio y una carga simbólica que invita a indagar en la semiótica de su argumento, "La Casa de Jack" es una cinta que merece ser vista por su impacto y por la retorica que maneja para con el mundo actual y su postura ante las subjetividad de la latente violencia que parece emanar a cada instante.

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