Crítica: “Todo Mal”. Un cliché del cliché del cine mexicano


Título: Todo Mal
Título original: Todo Mal
Reparto: Osvaldo Benavides, Martín Altomaro, Alfonso Dosal, Marcela Guirado, Sebastián Zurita.
Director: Issa López.
Calificación: 2.5/5 Estrellas.

El cine mexicano siempre ofrece algo para analizar, sí, hay cine de excelente calidad y manufactura. Y sí, hay una innovación constante para trasladar historias nuevas a la pantalla grande y en la forma de ser contadas. Sí, hay humor, crítica para con algún tema en particular y buenas actuaciones...sólo que este tipo de filmes llegan de una en una por cada cinco que se realizan, como la que estamos a punto de platicar.

"Todo Mal" cambió de nombre en, al menos, dos ocasiones, pasó de ser "El Penacho de Moctezuma" a "Moctezuma y Yo"Issa López, responsable de la celebrada "Vuelven", vuelve a explotar los exitosos pero estereotipados elementos de la comedia como lo hizo en "Casi Divas", lo que hace pensar que su trabajo previo fue un golpe de suerte. 

En resumen, cuenta la vida de Fernando (Osvaldo Benavides), quien le anuncia a sus dos primos -Matías (Alfonso Dosal) y Dante (Martín Altomaro)- que se casará con su prometida, Viviana (Marcela Guirado), y desea que ambos sean sus padrinos. En un giro del destino, Fernando es plantado en el altar y esto lleva a que los tres primos deban solucionar su pasado familiar, intrigas amorosas y lidiar con un par de matones; mientras buscan mantener a salvo el penacho original de Moctezuma.


Éste último termina por ser el elemento más forzado de la película ya que sin él, la historia sería la misma y la diferencia con la estructura del guión sería nula. A esto es necesario señalar que su adición termina por ser un recurso cómico que se desperdicia y evoca al "pastelazo" cuando sus protagonistas lo usan, debido a que no hay una propuesta actoral o chistes que complementen un intento de comedia visual.

Una vez aclarada la participación del ornamento hecho con plumas, es necesario pasar al argumento mismo de la cinta. Con tintes románticos, se nota un esfuerzo exagerado por hallar la risa fácil, imita escenarios vistos en producciones como "¿Qué pasó ayer?" y "Matando Cabos", y se aprecia la misma dinámica -ya conocida- repetitiva que ya no divierte y tampoco sorprende.

Esto lleva a pensar en lo acontecido con "El nuevo cine mexicano" y abre la puerta a la discusión sobre un uso recurrente de palabras altisonantes y su paulatino desuso -de manera hábil- en otros filmes nacionales, algo que es "recuperado" en la hoy sentenciada con exageración para introducir groserías cada tres minutos y hacer que la gracia que podía tener se pierda en el primer tercio del proyecto.


En lo que se refiere a los personajes, su desarrollo es equiparable con el guión. Cada actor falla en darle volumen a su interpretación y en imprimirle un sello que logre dar personalidad, algo que se acentúa con la sobre-explotación de las mencionadas groserías y su cansada e irreal interacción. Además de ello, no existe una química palpable entre los protagonistas, pues su supuesta relación familiar se siente sobreactuada y poco creíble. Con excepción del personaje de Martín Altomaro, quien entrega un papel similar a otros que ya ha hecho y atina en llevarlo por buen puerto. 

Respecto a los personajes secundarios, es preciso apuntar que tanto Viviana como los matones y Masiosare, interpretado por Sebastián Zurita, carecen de un sentido para con la trama principal y su presencia en el filme es olvidada, incluso antes de que los créditos finales aparezcan en pantalla.

Sin embargo, hay un intento -por algunos momentos- de humor que, si bien podrían haber funcionado en otro tipo de historia, se agradecen. También destaca la fotografía, en la que se nota un uso de planos secuenciales que se mantienen constantes, en especial en las escenas caóticas y aceleradas, sin perder el efecto de tomas movidas y confusas.


En conclusión, "Todo Mal" reúne y refuerza los clichés que tanto se le critican al cine mexicano, en un ejemplo que parece indicar que la industria nacional no ha aprendido de sus errores, las situaciones de peligro o miedo para con sus protagonistas fallan en su objetivo de hacer reír.

No obstante, dudo que la responsabilidad sea únicamente de ellos, los espectadores también tenemos parte de culpa, puesto que aún pagamos por ver una cinta sólo por el hecho de tener algo que ver y no exigimos calidad o justificamos sólo por ser un producto mexicano y que, como muchos otros, termina por caer en el olvido.

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