[Tardes de Netflix]: "Altered Carbon". Cyberpunk al servicio de la inmortalidad


Como se ha señalado incontables veces, tanto el horror como la ciencia ficción -en cualquiera de sus formatos- son ejemplos claros para abordar aspectos sociales que son dignos de un análisis minucioso. Una vez dicho esto, es posible que  uno de los representantes más relevantes de lo mencionado sea el Cyberpunk.

Popularizado a finales de la década de 1970 y durante los siguientes años, el subgénero caracterizado por una paleta de colores en tonos neón, panoramas lluviosos y saturados por edificaciones que se comen unas a otras, ha grabado una huella dentro de la cultura pop, una que cada día juega con la premisa principal de éste: la relación íntima entre la humanidad y la tecnología.

Lo anterior es un concepto visto incontables veces, "Blade Runner" y su respectiva secuela cimentaron mucho de lo que visual y filosóficamente se relaciona al tema. De forma más reciente, "Black Mirror" se ha enfocado en el aspecto interpersonal y social de semejante relación para realizar una mordaz declaración respecto a la interacción humana.


"Nigún cuerpo vive para siempre."

Imagen vía: Netflix.
"Altered Carbon", la más reciente propuesta de Netflix para con el Cyberpunk, se presenta como una promesa para aquellos que gustan de los proyectos señalados y, de cierto modo, juega de una manera distinta con el argumento del que se ha hablado en los párrafos superiores, todo aderezado con un sorprendente apartado artístico y una buena dosis de violencia.

Ambientada 350 años en el futuro y basada en la novela homónima  de Richard K. Morgan, la serie cuenta la vida de Takeshi Kovacs (Joel Kinnaman), un operativo político con habilidades mercenarias que despierta 250 años después de que su cuerpo anterior, conocido como funda, fuese ejecutada. Con una sentencia para permanecer en prisión de forma indeterminada, recibe la propuesta de resolver el asesinato del acaudalado Laurens Bancroft (James Purefoy).

Sin otra alternativa, Kovacs deberá trabajar con la oficial Kristin Ortega (Martha Higareda) para esclarecer el crimen, mientras descubre, poco a poco, como la sociedad -capaz de transferir sus recuerdos y memorias a otros cuerpos gracias a pequeños dispositivos llamados pilas- se sumerge en una vida polarizada, en la que la riqueza es un cheque en blanco para jugar a ser dios.

Imagen vía: Netflix.
Si la obra de Philip K. Dick cuestiona la validez del alma y pone en tela de juicio qué factores hacen que un organismo sea humano, por medio de la perspectiva de un cazador de androides renegados que buscan reconocimiento como seres pensantes y con sentimientos, "Altered Carbon" propone juzgar las ventajas y desventajas de no depender de la fatalidad de la carne, apartar las normas morales y los límites impuestos por la convivencia en aras de satisfacer instintos banales ante la falta de trascender una vez muertos.


"El riesgo de vivir muchas veces: olvidas temer a la muerte."


La pérdida del temor por desaparecer del plano terrenal, junto con la percepción de que el cuerpo es desechable, es uno de los puntos a destacar de la recomendación de hoy; no sólo por la clara crítica para con el sentido de auto-preservación, sino por la constante pero sutil interrogante sobre la capacidad de amar a alguien que no se ve como antes o la noción de que el espíritu, imperecedero en su esencia, ha hecho obsoleto aspectos como la búsqueda de un paraíso religioso que, si bien es racionalizado, sólo da pie a radicalizar un hedonismo que ya exaltaba el placer inmediato.

En este sentido, la serie producida por Laeta Kalogridis (La Isla Siniestra) toma del Cyberpunk la dependencia de la tecnología pero la pone como un artículo en control de las clases sociales altas, mientras que el resto de la población depende de la suerte y/o de la clandestinidad para hacerse con un estilo de vida difícil de imaginar. Sí, los cuerpos se pueden modificar y cambiar pero aquellos que no cuentan con recursos no elijen que usar y, de este modo, también se presenta una declaración de proporciones ideológicas que va de la mano con un panorama económico fuera de balance.

Imagen vía: Netflix.
Como cualquier trabajo distópico, lo anterior sirve para que se comprenda aquella ley de la física en la que todo lo que sube debe bajar. En un mundo en el que la vida eterna está a la venta, "Altered Carbon" maneja  valores para con la sana convivencia que son retorcidos hasta el punto de no lograr distinguir la realidad de la ficción.

Un paisaje que ya se veía en "Neuromancer" de William Gibson, y que en la adaptación de Netflix se presenta por medio de referencias religiosas, experimentación constante de la muerte y la idea constante de que los avances en la ciencia han hecho que, aquello que nos convierte en una especie con un propósito por el cual vivir, se pierdan en una enorme urbe consumista, saturada y apática.  

Con diez capítulos en su primer temporada, en los que se perciben distintos cambios respecto a su fuente original -algo comprensible dado a su formato de adaptación-, "Altered Carbon" es una excelente opción para los fanáticos del género, violenta y divertida; cuenta con un argumento sólido, personajes bien dibujados cuyas relaciones poseen volumen y complejidad; y un ritmo estable que está cargado de secuencias de acción sorprendentes y una fotografía que captura la atención del espectador a cada segundo. Sin embargo, llega un punto en el que, a pesar de ser entretenida de principio a fin, por momentos se torna repetitiva y saturada.


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