Crítica: "Llámame por tu nombre". Una carta de amor universal


Título: Llámame por tu nombre.
Título original: Call me by your name.
Reparto: Timothée Chalamet, Armie Hammer, Michael Stuhlbarg, Esther Garrel, Amira Casar.
Director: Luca Guadagnino.
Calificación: 5/5 Estrellas.

Contar una historia sobre el crecimiento emocional, a la par del descubrimiento de la madurez que se tiene en la vida es una constante en la pantalla grande. Las llamadas cintas conocidas como coming of age, representan un conjunto de nociones e interpretaciones sobre la realidad que, tarde o temprano, se vuelven comprensibles y empáticas para todos.

Dentro del séptimo arte se pueden encontrar ejemplos de lo anterior, filmes en los que sus protagonistas no encajan el molde conocido de los estereotipos unidimensionales que  la propia industria mantiene al grado de crear imágenes acartonadas de las personas y líneas narrativas predecibles; por lo que cada propuesta que se atreve a pensar afuera del margen es bienvenida en más de un sentido.

Lo anterior, también se puede aplicar a los proyectos que se enfocan en explorar la homosexualidad, un tema que -afortunadamente- se aleja cada vez más de los prejuicios sociales y culturales permeados de ignorancia y "Llámame por tu nombre" aborda ambos aspectos de forma rica y sincera, con una historia en la que el amor y el auto-descubrimiento van de la mano.


Basada en la novela homónima escrita por André Aciman, la hoy sentenciada cuenta la vida de Elio (Timothée Chalamet), un joven que en el verano de 1983 pasa las vacaciones con su familia en su villa del siglo XVII, ahí conocerá a Oliver (Armie Hammer), un atractivo estudiante que trabaja como interno con su padre. Ambos comenzarán una relación en la que la amistad será el punto de partida para descubrir quienes son en realidad y que los llevará a vivir un amor como el que nunca imaginaron.

Bajo la dirección de Luca Guadagnino (I am in love), la hoy sentenciada cuenta con distintos elementos que la hacen destacar de manera sorprendente. Con un estilo que recuerda al cine europeo de los 70, el filme juega con una trama sencilla y sin clichés; cuyo ritmo y tono se complementan por una fotografía en la que la paleta de colores detalla el desarrollo de sus protagonistas, mismos que son interpretados de forma magistral.

Hammer (La red social) y Chamalet (Interestelar) se muestran sobrios a cada instante, proyectan una química matizada en distintas etapas de su relación y se adueñan de sus papeles desde el primer minuto; no sólo haciéndolo de un modo con el que cada espectador se puede identificar, sino con el que también se hila la trama con soltura.


Mientras que el elenco de reparto -conformado por Michael Stuhlbarg (La Forma del Agua), Amira Casar (La Vérité Si Je Mens!) y Esther Garrel (Camille Redouble)- contribuye al crecimiento de los protagonistas con intervenciones en las que estos maduran sustancialmente y adquieren una complejidad que no deja cabos sueltos.

Por su parte, y como se mencionó, la trama cuenta con una soltura en la que el argumento se expone de manera sutil. Sin atropellarse, la hoy sentenciada logra que su premisa se perciba ágil y no trate de divagar en círculos que la podrían hacer redundante o repetitiva.

Lo anterior se ve reforzado por la fotografía de Sayombhu Mukdeeprom (Sang Sattawat), la cual juega con el ya señalado estilo del cine de la década de 1970. Con planos secuenciales largos y abiertos, en los que la cámara permanece inmóvil para que se capte hasta el último rincón de lo que la lente capta para después aprovechar el uso de ángulos y desplazamientos que se ven enriquecidos por el predominio de tonos acuosos y verdes con los que se simbolizan los sentimientos de sus protagonistas.


Además de ello, también es preciso hablar sobre el conjunto de alegorías que la cinta ofrece. Aprovechando parte de su argumento, la hoy sentenciada utiliza el arte helénico para acentuar una carga de erotismo bien utilizada y que apela a la exaltación del alma humana por medio de su cuerpo. Cuestión que también alimenta a la gama de sensaciones que los personajes viven.

Quizás, el único detalle que podría considerarse negativo -y esto depende por entero del espectador-, es su ritmo. Con un paso pausado y constante, la cinta se toma su tiempo para desarrollarse, algo que algunos encontrarán cansado pero que pasa de largo gracias a su envolvente premisa.


En resumen, "Llámame por tu nombre" es una exquisita pieza narrativa. Una película enigmática y cargada de emociones que conmueven, cuyo romance entre sus protagonistas es el ingrediente principal para contar una historia compleja sobre el amor, la búsqueda de la identidad personal y la lucha que cada individuo sostiene para madurar. Sin dudas se trata de una cinta obligada que deja un excelente sabor de boca.


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