Crítica: "La Forma del Agua". Del Toro se consagra como un visionario


Título: La Forma el Agua.
Título Original: The Shape of Water.
Reparto: Sally Hawkins, Doug Jones, Octavia Spencer, Michael Shannon, Richard Jenkins, Michael Stuhlbarg.
Director: Guillermo del Toro.
Calificación: 4.5/5 Estrellas.

Si hay un cineasta que, actualmente, sepa hacer cine con monstruos es Guillermo del Toro (La Cumbre Escarlata) y, a estas alturas hablar sobre los méritos de ello sería dar vueltas en un terreno por demás conocido, en el que ya se ha destacado la habilidad del cineasta para contar una historia con peculiar estilo.

Sin embargo -si es posible recalcar algo especial sobre la carrera del mexicano- es importante señalar que del Toro no sólo sabe hacer cine con monstruos, sino que hace un cine en el que conversa con ellos, uno en el que sostiene una plática cuyo diálogo se hila en un interesante balance entre el horror y la fantasía para demostrar que, en efecto, los monstruos son los patronos en los que la humanidad se puede ver reflejada.

Lo anterior lleva directamente a contemplar su más reciente trabajo, uno que hasta ahora le ha valido tres galardones como Mejor Director y que, tras un largo recorrido a nivel mundial, lo posicionan como el favorito para la próxima entrega de los Oscars. Con una historia original, en la que su sello está presente, finalmente aterriza en salas mexicanas: "La Forma del Agua".


Ambientada durante la década de los 50, la hoy sentenciada cuenta la historia de Eliza (Sally Hawkins), una joven muda que trabaja en un complejo militar secreto y cuya rutinaria vida dará un giro completo cuando conozca a un extraño ser humanoide del cual queda prendada. Sin embargo, y dada la inexplicable existencia de la criatura, Eliza deberá evitar que sea víctima de un experimento conducido por el siniestro Strickland (Michael Shannon) y para ello contará con la ayuda de su vecino, Giles (Richard Jenkins), de su amiga Zelda (Octavia Spencer) y del Dr. Hoffstetler (Michael Stuhlbarg).

Con un ritmo constante, la cinta ofrece un conjunto de actuaciones que destacan por sí solas y que contribuyen al desarrollo de la historia gracias a una buena ejecución de sus participantes. En el caso de Hawkins (Godzilla) resalta su habilidad para entregar una interpretación completamente corporal, una que logra transmitir sus emociones con ligeros movimientos y con tremenda sutileza. A su participación, es importante añadir la de Doug Jones (Hellboy), quien da vida a la criatura anfibia de manera sorprendente.

El actor estadounidense demuestra -por enésima vez- porque es conocido en el medio como El Boris Karloff moderno, debido a que su desempeño es complejo y encantador a la vez, Jones convierte a la criatura en un ser extraordinario al que le imprime una personalidad tanto humana como animalesca, en la que su postura juega un papel importante en hacerlo creíble.


Por su parte, las intervenciones de Spencer (Historias Cruzadas), de Shannon (El Hombre de Acero), Stuhlbarg (Arrival: La Llegada) y Jenkins (Déjame entrar) ofrecen un soporte a los principales con ligeros toques de humor y profundidad de un modo especial para ayudar a la audiencia a identificarse mejor con el personaje interpretado por Jones y, en lo que se refiere al personaje del mencionado Shannon, sobresale su presencia como villano -faceta que ya ha explorado sin contratiempos y que aquí repite con la misma gracia que en proyectos anteriores.

A lo señalado, vale apuntar que,la hoy sentenciada es una clara muestra de la madurez del cineasta mexicano dentro de su filmografía. Con una trama bien desenvuelta que se alimenta, no sólo de una historia de amor que apela a los monstruos solitarios de antaño, sino también de una poderosa crítica social para con uno de los periodos más discriminatorios de la época y de pequeñas subtramas que envuelven la premisa en un cuento de hadas moderno y con un fuerte mensaje.


Además de ello, el filme juega con una exquisita paleta de colores, en la que el predominio de diversos tonos acuosos y verdes simbolizan un estado emocional en particular y contrastan con otros colores, esto gracias a la fotografía de Dan Laustsen (Sólo otra historia de amor) quien al igual que en "La Cumbre Escarlata" -su otra colaboración con del Toro- atina en ofrecer un manejo de tomas y ángulos en los que la premisa logra capturar la atención de principio a fin, misma que se complementa con las impecables notas de Alexandre Desplat (Argo).

No obstante, "La Forma del Agua" tiene su flaqueza y ésta recae, ligeramente, en el tono del filme. Enfocado de lleno en el desarrollo de su trama y personajes, el director se pierde por breves instantes entre la fantasía y un thriller con tintes policíacos que logra empatarse hacía el  tercer acto pero que, en sus primeros dos, tarda en definirse por completo.

En conclusión, la hoy sentenciada es un ejercicio interesante y emotivo, uno en el que el cineasta mexicano reafirma su maestría para contar historias fantásticas, en las que deja en claro su amor para con los monstruos y ese cine de antaño que logró enamorarlo en su juventud y del cual no se ha desprendido.


Con actuaciones sobresalientes, una premisa apasionada y arriesgada, así como un diseño de personajes soberbio, que homenajea a los clásicos de la pantalla grande,  "La Forma del Agua" es una excepcional historia de romance con la que Guillermo del Toro muestra una madurez inimaginable a nivel creativo, visual y narrativo. Se trata, sin dudas, de su obra más íntima en años y vale por completo la pena. 

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