Crítica: "Thor: Ragnarok". El electrizante regreso del Dios del Trueno


Título: Thor: Ragnarok.
Título original: Thor: Ragnarok.
Reparto: Chris Hemsworth, Tom Hiddleston, Cate Blanchett, Mark Ruffalo, Tessa Thompson, Anthony Hopkins, Karl Urban, Jeff Goldblum.
Director: Taika Waititi.
Calificación: 3.5/5 Estrellas.

Conforme Marvel Studios se aproxima a su décimo aniversario, las entregas de cada uno de sus personajes, ya sean individuales o en conjunto, auguran un éxito en taquillas y entre la prensa especializada sin importar de qué héroe se trate -tal y como ocurrió con unos desconocidos Guardianes de la Galaxia en 2014.

Sin embargo, también a la par de los años, las cintas del MCU se han caracterizado por contar con un estilo particular que para algunos fanáticos se han tornado repetitivas, algo que si bien no significa perdida de calidad, sí implica carencia de innovación. Lo anterior, curiosamente, no aplica con el hijo de Odín, cuyas producciones en solitario no cuentan con el encanto que otros héroes tienen.

A partir de lo mencionado, tras una pequeña ausencia y perderse el cisma de Los Vengadores, el dios del trueno está de vuelta con su tercer intento por cautivar a la audiencia a través de una fórmula distinta a la de sus predecesores y, de la mano de Taika Waititi (Entrevista con unos vampiros), para hacerlo presenta: "Thor Ragnarok".


Ambientada dos años después de los eventos de "Avengers: La Era de Ultrón", la hoy sentenciada presenta a un Thor (Chris Hemsworth) en medio de su búsqueda por una de las Gemas del Infinito, lo que lo lleva a recorrer varios de los nueve reinos que conforman el cosmo conocido por el carismático dios. No obstante, el héroe deberá enfrentar su mayor reto cuando Hela (Cate Blanchett), la diosa del muerte, aparezca para reclamar el trono de Asgard y desatar el fin de los tiempos.

Desterrado, Thor se verá enfrascado en una cruzada que lo llevará hasta el extraño mundo de Sakaar; donde se reunirá con un desaparecido Hulk (Mark Ruffalo) para formar una improbable alianza con Valquiria (Tessa Thompson) y Loki (Tom Hiddleston); y así, detener a Hela y evitar el Ragnarok.

Uno de los principales aspectos a destacar de la cinta, radica en su elenco. De primera mano se nota la comodidad de Hemsworth (En el corazón del mar) con su papel, mismo que ha evolucionado hasta convertirse en un personaje más empático y divertido que en apariciones anteriores -aspecto que comparte con Hiddleston (Caballo de Guerra), quien reafirma su participación como el villano mejor trabajado del MCU-, lo que hace que entre ambos actores exista una química natural y fluida que ha dejado detrás lo acartonado de una interacción saturada de dramatismo.


Por su parte, se agradece el regreso de Ruffalo (Los Ilusionistas) como el gigante esmeralda, pues destaca por momentos y sirve como un personaje de apoyo sin perder su relevancia ni opacar la de otros. Un caso similar ocurre con Thompson (Westworld), quien sorprende con su participación y desarrollo como Valquiria; ya que la estadounidense le da un giro interesante a su presencia y se convierte en una de las piezas más relevantes para acompañar al protagonista principal.

A pesar de ello, las actuaciones de Blanchett (El Señor de los Anillos) y de Karl Urban (Star Trek) como Hela y Skurge, respectivamente, se pierden dentro de la trama. Esto no significa que su desempeño sea pobre -ambos actores se adueñan de sus interpretaciones y manejan las motivaciones de sus personajes de forma coherente y con un matiz bien equilibrado entre un simple villano per se y un antagonista tridimensional-,  sino que el guión hace que su desarrollo no sea del todo satisfactorio y que por momentos se olvide que están detrás del fin del mundo.

Lo anterior lleva, precisamente, al guión y a la historia que cuenta. Con una propuesta atractiva y un trasfondo complejo, la hoy sentenciada se desempeña a lo largo de tres actos que juegan con un ritmo ambiguo, uno que por momentos es frenético, plagado de acción y humor,  pero que en otros apela a una ejecución más pausada y seria. Lo que puede hacer que se sienta, por momentos, que se está ante dos filmes distintos que deben converger en un mismo punto.


Lo mencionado es, quizás, el principal punto flaco de la premisa y es que la dirección de Waititi logra equilibrar un poco el detalle del ritmo y tonalidad. Gracias a un interesante montaje que cuida cada detalle y a una aproximación sutil a las secuencias de acción, el cineasta neozelandes logra una producción entretenida y que se sostiene sin problema alguno.

En conclusión, la hoy sentenciada es una bocanada de aire fresco para con el dios del trueno. Un filme interesante al que se le aplaude un acercamiento distinto al personaje, y con el que se salva de contar con una trilogía floja. Aunque la combinación del humor absurdo y escatológico pueda desagradar a algunos, termina por ser una propuesta agradable e interesante, con un estilo único.


Cargada de acción, con un soundtrack lleno de tintes electrónicos y ochenteros, así como protagonistas bien desarrollados, "Thor: Ragnarok" es una de las mejores cartas que Marvel ha presentado en los últimos años y le da al hijo de Odín una cinta divertida.



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