Crítica: "Guerra de Papás 2". Wahlberg y Ferrell regresan con una secuela innecesaria


Título: Guerra de Papás 2
Título original: Daddy's Home 2.
Reparto: Mark Wahlberg, Will Ferrell, Mel Gibson, John Lithgow, Linda Cardellini, Alessandra Ambrosio, John Cena.
Director: Sean Anders.
Calificación: 2/5 Estrellas.

Conforme cierra el año, comienzan a llegar las producciones enfocadas a la temporada decembrina. Todos conocen la temática de dichos filmes: historias en las que, por alguna razón u otra, uno de sus protagonistas se ve enfrascado en una racha para reconocer que la Navidad es una bella época para estar con la familia y todo tipo de peripecias se hacen presentes para que le quede claro.

Como es de esperarse, este tipo de tramas suelen explotar los mismos valores que desean extender a su audiencia: personajes unidimensionales y por momentos caricaturescos, ambientes en los que cada detalle hace énfasis en la festividad en cuestión y un giro emotivo para cambiar la personalidad de varios participantes pero ¿Qué ocurriría si lo anterior fuese trasladado a una comedia que aborda una dinámica familiar distinta?

La pregunta recién hecha es la base para la secuela de una película que aterrizó alrededor de las mismas fechas y que, al igual que su predecesora platea una propuesta en la que las relaciones entre padres e hijos toman un giro chusco para hacer reír, es así como llega a la pantalla grande: "Guerra de Papás 2".


Ambientada después de la producción original, la hoy sentenciada trae de vuelta a Dusty (Mark Wahlberg) y a Brad (Will Ferrell), quienes han dejado atrás su rivalidad y han formado una amistad que se nutre de una relación estrecha como padre y padrastro, respectivamente. Sin embargo, no todo parece ir viento en popa, conforme la Navidad se aproxima, ambos protagonistas tratarán de hacer hasta lo imposible por hacer que su familia esté unida en las fiestas, algo que se complicará cuando aparezcan en escena Kurt (Mel Gibson) y Jonah (John Lithgow), los respectivos padres de los protagonistas.

Con la premisa anterior, el director Sean Anders (Quiero matar a mi jefe 2) entrega una cinta plagada de humor absurdo, en la que se nota una buena química entre Ferrell (Al diablo con las noticias) y Wahlberg (Transformers: El último caballero), misma que se logra sostener con sus actuaciones pero que caen en lo exagerado debido a un guión predecible, en el que las bromas físicas y chistes sobre la virilidad son rebuscados y poco originales.

Por su parte, las participaciones de Gibson (Arma Mortal) y de Lithgow (Dexter) rayan en los extremos, con el actor y director australiano ejemplificando al estereotipo machista exacerbado con una personalidad parca, mientras que el estadounidense hace lo mismo con un cliché diametralmente opuesto al del mencionado y se convierte en una caricatura del hombre sensible y abierto para con sus sentimientos.


En lo que se refiere al resto del elenco, hay poco que decir. Linda Cardellini (Avengers: La era de Ultrón) y Alessandra Ambrosio (007: Casino Royale) ofrecen actuaciones medianas y de soporte que apenas se notan gracias a una premisa en la que bien pudieron no estar presentes y la narrativa no se ve afectada en lo absoluto, lo mismo ocurre con John Cena (El Marine), quien simplemente funciona como un comic relief sobreactuado que no aporta algo sustancioso a la trama.

Sin embargo, no todo es negativo, la fotografía de Julio Macat (Mi Pobre Angelito) destaca por una ejecución limpia, en la que el juego de cámara se mantiene lineal a lo largo de la cinta y que se arriesga un poco al jugar con algunos acercamientos y secuencias en los que el énfasis en el humor físico se puede apreciar en cada instante.


A pesar de lo anterior, la dirección de Anders se siente plana y floja, el cineasta estadounidense repite la misma fórmula que se vio en la producción de 2015 y no explora a sus personajes, los cuales carecen de una evolución o de un verdadero desarrollo, además de ello -por enésima vez- cae en los clichés de las comedias navideñas y termina por entregar una cinta predecible y repetitiva de principio a fin.

En conclusión, la hoy sentenciada es una propuesta monótona, debido a una historia sin trascendencia y en la que el uso de bromas absurdas falla al intentar aproximarse a un tempo de anti-humor que simplemente no cuadra con lo presentado en pantalla, su único momento en verdad divertido se encuentra hacia el cierre de su último acto, además de tener la virtud de no saturar al espectador con imágenes alusivas a la Navidad a cada instante.


Sin algo innovador que ofrecer, que repite las bromas de su primer entrega, y con personajes caricaturescos que exageran su personalidad hasta el punto de lo ridículo, "Guerra de Papás 2" es una cinta con la que se puede pasar el rato si no se tiene otra cosa que hacer y que sólo vale la pena ver para preguntarse si en verdad era necesario tanto revuelo para contar chistes sobre la paternidad en sus distintas etapas, en una historia que no llega a integrarse por completo.

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