Crítica: "Cartas de Van Gogh". Una bella obra con oleo en movimiento


Título: Cartas de Van Gogh.
Título Original: Loving Vincent.
Reparto: Douglas Booth, Jerome Flynn, Saoirse Ronan, Robert Gulaczyk, Josh Burdett, Holly Earl.
Directores: Dorota Koniela, Hugh Welchman.
Calificación: 5/5 Estrellas.

Hoy en día no es difícil encontrar propuestas innovadoras en la pantalla grande, lo difícil viene cuando se buscan las marquesinas y salas en las que se exhiben. Más allá de la asombrosa pero cotidiana naturaleza con la que cientos de filmes llegan de forma anual, los espectadores se hallan en un constante conflicto respecto a que proyectos mantienen al cine como una de las expresiones artísticas más conocidas que hay y que tiene la virtud de apelar a todos de un modo u otro.

Cuando se habla del denominado cine de arte -cuyo propia terminología es digna de ricos debates- se suele encontrar una aproximación difusa sobre su acontecer en un mundo plagado de colosos taquilleros con historias que, para algunos, son meros recursos de entretenimiento. Sin embargo, en toda pieza cinematográfica, existen elementos que justifican su permanencia en las bellas artes.

De este modo, y con el cierre del año, aterriza un proyecto que toma lo anterior y lo hace propio, uno que en su conjunto y desmenuzado, logra hacer que las pupilas se enternezcan con cada fotograma y trazo narrativo con lo que, poco a poco, alcanzan trasladar al cinéfilo a un entorno que se creía ajeno en pleno 2017: "Cartas de Van Gogh".


Ambientada tiempo después de la muerte del famoso pintor, el 29 julio de 1890, un joven Armand Roulin (Douglas Booth) llega a la última morada del genial artista: Auvers-sur-Oise, Francia, para entregar la última carta que éste escribió, semanas previas a su deceso. Lo que en un comienzo es una simple entrega, llevará a Roulin a adentrarse en los días finales de Van Gogh a través de los ojos que lo conocieron y cuestionarse si, en verdad, cometió suicidio.

En otras ocasiones, lo primero a tratar sería el reparto actoral o argumentativo de la hoy sentenciada, esta vez no será así ¿La razón? En realidad es sencilla: el filme en cuestión se trata de un homenaje sublime a uno de los mejores y más reconocidos exponentes del post-impresionismo pictórico. Con una impecable y arrebatador trabajo hecho por 115 artistas y plasmado en 65 mil cuadros realizados a mano y con oleos.

Lo anterior lleva a un ejercicio único en su tipo y que tomó seis años en concretarse, en una relación exquisita y compleja en su totalidad, la cinta atrapa desde el primer instante y mantiene un ritmo narrativo en el que cada pincelada -literalmente hablando- le rinde tributo a pinturas que ya estaban vivas y llenas de movimiento. En un sentido más técnico, se puede apreciar y valorar una extraña pero perfecta comunión entre el uso de la pantalla verde, para capturar a los actores y su viaje a las paletas y colores de las manos que las trasladaron al lenguaje del séptimo arte.


Cada línea, sombreado y punto de fuga se clavan en la mirada y enamoran al espectador, algo que se complementa con un guión sólido que se desprende de las misivas que Van Gogh intercambiaba con su hermano, Theo, para hilar una historia en la que los elementos del género de crimen -para rascar en los recovecos detrás de su muerte- se complementan con una premisa biográfica narrada con un drama íntimo y en extremo personal que se alimenta de flashbacks en los que el pintor es participe.

Sin dejar de lado su protagonismo, la hoy sentenciada juega con su personaje principal en un modo curioso, no lo quita del foco de atención pero rompe la rutina de este tipo de cintas y lo posiciona como el eje central de su premisa en los labios y experiencias de aquellos que lo rodearon. Aspecto que se torna más completo al poner distintos ángulos para con su vida, sin caer en el vicio de exaltarlo o demeritar su nombre, sino de conocerlo por sus obras.

Esto lleva a la participación de los actores involucrados, a Booth (Noé) se le unen Jerome Flynn (Game of Thrones) como el Doctor Gachet, médico y amigo del pintor, Saoirse Ronan (Desde mi cielo) como Marguerite Gachet, hija del mencionado, y Robert Gulaczyk (Prosta historia o Mordestwie), quien encarna al propio Vincent Van Gogh. Todos ellos entregan interpretaciones completas y fluidas, las cuales permiten un ir y venir de visiones e historias individuales que destacan en su totalidad.


Por su parte, la dirección de Dorota Koniela (La maquina voladora) y de Hugh Welchman (Edith Piaf: La vida en rosa) es un ejemplo asombroso de ritmo y tono, con un paso pausado, que se toma su tiempo para entablar su estilo, los cineastas logran hacer que cada cuadro, que tomaron como referencia, se note natural y la transición entre escenas no se perciba como forzada. Además, de ello, juegan con la cámara -por algunos momentos- y realizan planos sugestivos, delicados y que contribuyen a la armonía del filme. Todo acompañado por las notas de Clint Mansell (Requiem por un sueño), quien concede un repertorio musical envolvente y tenue.

En conclusión, la hoy sentenciada es un ejercicio sorprendente a nivel visual, hablar de los méritos en fotografía sería poco para explicar la belleza desplegada en la pantalla, pues cada detalle está bien cuidado y hay un movimiento perpetuo en el que hasta el menor trazo del fondo cobra vida. Quizás, su único punto negativo, es la poca presencia que tiene en las salas mexicanas y esto es algo que quedó expresado al comienzo de esta reseña: las propuestas innovadoras suelen ser difíciles de ver en una distribución masiva.


Cargada de emotividad, de una historia compleja y seductora, así como de un impecable y maravilloso trabajo artístico -que lleva a un viaje de tonos vivos y fríos, al blanco y negro-, "Cartas de Van Gogh" es una de las propuestas más enigmáticas y hermosas que encontrarán en la actualidad, un homenaje que rinde tributo digno al genio detrás de cuadros como "La Noche Estrellada" y que vale cada segundo que se está frente a la pantalla grande, una que, por un instante, se convierte en un museo viviente.  


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