Critica: "Rey Arturo: La leyenda de la espada". Una idea fresca y cargada de acción pero carente de contenido.



Título: Rey Arturo: La leyenda de la espada.
Título Original: King Arthur: Leyend of the sword.
Reparto: Charlie Hunnam, Jude Law, Djimon Hounsou, Eric Bana, Aidan Gillen, Asrtid Bergès-Frisbey, Craig McGinlay.
Director: Guy Ritchie.
Calificación: 3/5 Estrellas.

Por décadas las historias ambientadas en el medievo han sido el punto de referencia cuando se habla de fantasía, en el séptimo arte la situación no es distinta, cientos de ejemplos pueden ponerse sobre la mesa cuando se menciona dicho género. Espadas mágicas, hechiceros, dragones y demás criaturas inimaginables son parte de un folclore que comenzó por la tradición oral y lentamente se ha asentado en distintos medios de expresión pero, curiosamente, todas estas narraciones tienden a inclinarse hacia lo épico, a las batallas gigantescas, a los héroes y villanos unidimensionales que cumplen con los estereotipos del bien y el mal de forma polarizada.

Dentro de todo lo anterior, la historia de el Rey Arturo es, quizás, la más reconocida en el mundo; la conocida figura del líder británico que defendió a su país de los sajones a finales del siglo XV y principios del XVI ha sido la figura incorregible del caballero galante y gallardo que se replica en los cuentos de hadas y por un largo tiempo, Hollywood se ha encargado de reforzar esa imagen de quien empuñó la espada más famosa de la historia: Excalibur.

Con el reciente éxito de series ubicadas en universos similares al de Camelot como "Game of Thrones" y la ya consagrada saga de "El Señor de los Anillos", se pensaría que todo lo visto relacionado con la idealizada  Edad Media se había contado, no obstante, un proyecto busca demostrar que aún hay mucho por contar sobre las proezas de uno de los personajes cuya supuesta existencia ha sido motivo de debate por historiadores y lo hace con un estilo muy peculiar con: "Rey Arturo: La leyenda de la espada".


De la mano del cineasta inglés, Guy Ritchie (Sherlock Holmes), la hoy sentenciada retoma los poemas clásicos y de textos como "Historia Brittonium" para contar la vida de Arturo (Charlie Hunnam), quien ha crecido en los barrios pobres de Londinium, criado en un prostíbulo, el joven protagonista se forja entre crímenes, peleas callejeras y una existencia basada en sacar el mejor provecho de sus vicisitudes. Sin embargo, su rumbo dará un giro por completo cuando una misteriosa espada enterrada en una piedra surja de las profundidades y sea él, el primero en sacarla de su rocosa guarida.

Arturo descubrirá que en sus venas corre sangre noble y que es el heredero del trono de su nación, mismo que fue usurpado por Vortirgern (Jude Law), un poderoso hechicero que gobierna con mano dura. Ayudado por viejos amigos y aliados poco esperados, el improbable héroe iniciará una cruzada por recuperar su trono y, de paso, restaurar una antigua alianza entre humanos y magos.

Fiel a su estilo, Ritchie reinterpreta a los personajes y los aterriza en un contexto más sucio y violento, deja de lado las armaduras brillantes y los discursos alentadores para darle al espectador versiones más tangibles de los protagonistas; por un lado, se puede apreciar a un Hunnam (Titanes del Pacífico) flexible y en momentos vulnerable, uno con el que cuesta trabajo empatizar aunque su principal fortaleza es la de darle a la épica figura un perfil más arrogante y temerario, mismo que se justifica con el trasfondo que se le da. Lo mismo ocurre con la interpretación de Law (Sherlock Holmes: Juego de Sombras), quien entrega a un villano clásico: perverso y temible pero que no cae en la repetida fórmula del antagonista cuya ansia de poder se limita a sólo adquirirla e intenta ir un poco más allá de ello.


Respecto al resto del elenco, se aprecian algunas incongruencias, si bien cada uno de los actores brinda participaciones sólidas, muchos terminan por desdibujarse en momentos álgidos dentro de la trama, un ejemplo de esto son las intervenciones de Aidan Gillen (Game of Thrones) como Bill y de Djimon Hounsou (Guardianes de la Galaxia) como Bedivere, quienes le dan cohesión al personaje de Hunnam pero que  en ocasiones pasan a un segundo plano sin darles el peso necesario que parecen tener en un principio. Algo similar ocurre con la intervención de Asrtid Bergès-Frisbey (Piratas del Caribe: En aguas misteriosas), quien da vida a Mage, maga que ayudará a los héroes y cuya presencia resalta en varias secuencias y en otras pasa desapercibida sin mayor trascendencia. 

Como se mencionó, el filme reimagina el relato original y en este aspecto, la hoy sentenciada tiene uno de sus puntos más fuertes, pues cuenta con un guión sólido y original, el director y Joby Harold (Al Filo del Mañana), plantean un argumento en el que el protagonista crece con naturalidad y que combina elementos de fantasía y realismo de un modo interesante y bien balanceado, algo que se recibe como una bocanada de aire fresco y que le imprime intensidad a la producción. Sin embargo, también representa su debilidad más grande, pues su originalidad y solidez no suplanta una clara carencia de contenido.

Sí, "Rey Arturo: La leyenda dela espada" sostiene su argumento gracias a la forma en al que el director aterrizó la historia original a un contexto más realista y crudo, de aquí sus mencionadas fortalezas. Sin embargo esto impide que, como se mencionó, la mayoría de los personajes tengan peso en la narrativa y se pierdan entre la acción y los efectos especiales.

Visualmente, la mano de Ritchie está presente a lo largo de la cinta, utiliza una paleta de colores cálidos y fríos que resaltan gracias a un juego de cámara en el que las secuencias de acción y paneos sacan lo mejor de los paisajes británicos, a la par que resaltan la belleza de las locaciones. Así mismo, el director se arriesga a darle su sello personal a la fotografía y es en este punto en el que se puede comprender mejor cuando se habla de su estética "sucia". Aquellos amantes de sus películas anteriores identificarán de inmediato la manera en la que ajusta sus ángulos y movimientos detrás de la lente para darle agresividad y fuerza a las imágenes.


A pesar de ello, lo anterior puede desajustar un tanto con la forma en la que otros proyectos del género son realizados, principalmente por el ritmo de la hoy sentenciada, misma que comienza cargada de acción y que, a pesar de mantenerla a lo largo de su duración, tiende a bajar de intensidad por momentos, causante de que, en diversas escenas se llegue a perder la adrenalina  por lo que ocurre en la pantalla.

Mención aparte para la música de Daniel Pemberton (Steve Jobs), quien se aleja de los conocidos scores de este tipo de cintas y recurre al uso de cuerdas y de percusiones para adentrar más al público dentro de un universo en el que la magia complementa a la perfección una trama madura y violenta, una realista que atina en darle balance a la acción sin perder de vista su hilo narrativo y viceversa. Situación que se refuerza con piezas como la versión de "The Wild Wild Berry" interpretada por Sam Lee y que, se ha dicho, proviene del poema escoces "Lord Randall" del siglo XVII.

En conclusión, la primer entrega de una saga planeada para otras cinco entradas es un ejercicio interesante y fresco dentro de la larga filmografía en la que se ha retratado al Rey Arturo, deja de lado las enormes batallas en planicies para dar una perspectiva más intima del ascenso del héroe mítico y de la legendaria espada que sostuvo, no obstante ésta se limita mucho y el desarrollo de personajes deja bastante que desear, algo que apenas se compensa con las peleas y combates.



"Rey Arturo: La leyenda de la espada" es una interpretación del poema clásico que no debe tomarse tan en serio (dentro del género) y simplemente disfrutarse como un filme de acción. Con un argumento original y violento, mismo que no abusa de éste elemento para desenvolverse, pero que necesita pulirse en el futuro. De continuar con el vertiginoso ritmo y darle más peso a la trama, la ya comenzada saga podría sorprender a propios y extraños, mientras tanto, vale la pena darle una oportunidad ahora que las fantasías épicas son escasas en la pantalla de plata.  
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