[Recomendación VIP]: "Sangre de un Poeta", el verso surrealista de Cocteau


Una enorme chimenea se colapsa frente a nuestros ojos, silenciosa mientras un narrador nos habla sobre una cicatriz, ésta se derrumba entre nubes de polvo, un rostro se traza sobre un lienzo en blanco, su creador insatisfecho pasa con un gesto furibundo la mano sobre los labios que ha plasmado con el carboncillo, sólo para descubrir que la boca recién borrada ahora está sobre su palma y le está hablando.

"La mano ahogada parece desvanecerse en una pequeña piscina de luz blanca..."

De este modo inicia una de las obras cumbres del surrealismo en el séptimo arte, esa corriente del pensamiento que respeta sus propias bases estéticas y morales para exaltar la sublime incoherencia con la que el paisaje onírico atrae a los soñadores, que juegan entre humores crueles y eróticas sensaciones para con el objeto del deseo. De este modo, Francia le regala al mundo, en 1932 "Sangre de un Poeta".

Lanzada en 1932, de la mano del poeta, novelista, cineasta y pintor Jean Cocteau, la cinta invita al espectador a un viaje en el que se le cuestiona sobre la identidad y la trascendencia del alma humana atrapada en un mundo burgués, lleno de industrias mecanizadas, que se vanagloria de su mezquino estilo de vida. Con un juego de cámara que combina movimientos acelerados y lentos para dar vida a planos en los que la línea entre la realidad y la fantasía ni siquiera está dibujada.

Si bien, se considera que al genial Luis Buñuel como el máximo hacedor de este género gracias a "Un Perro Andaluz", la producción de Cocteau destella por su hechura artesanal, como si de una puesta retorcida de la vida diaria se tratase, el artista francés logra enlazar una protesta sin tapujos contra las desgracias que la Gran Guerra (1914-1918) le dio al mundo: el ascenso de un capitalismo cuya vena se inflamó con el conflicto armado y que engordaba su tripa a costa de los viscerales gritos de las tendencias totalitarias que lentamente se impregnaban en una Europa llena de desconcierto.

"Cada poema es una cota de armas que debe descifrarse."

Un guión que rompe las normas estructurales para construir su argumento y que a cada instante, con su hermosa fotografía, música y narración, nos hace entender que se está ante un poema hecho con imágenes; las cuales giran, saltan de la pantalla y se disuelven en la pupila. Aquí no hay una trama lineal en la que se parte del punto "A" y se llega paso a paso al "B", sino una que profundiza en el recorrido, lleno de encrucijadas y enredaderas que es el subconsciente humano, para ponernos a pensar.


¿Qué se esconde detrás de cada puerta? ¿Cuándo la carne y el hueso se convierten en mármol y tinta? Cocteau lo explica a su modo y nos da una cruda pero reveladora realidad. Para contarla da giros, literales, en los que el espacio se confunde con el tiempo para asegurarnos que no hay una vaga lista de instrucciones para despertar a la mente.

Lo anterior no fue algo que pasó por alto entre las esferas más acaudaladas de la sociedad francesa, y tras haber finalizado su filmación pasó dos años enlatada, pues se había corrido el rumor de que contenía un fuerte mensaje anticristiano, algo que entre controversias hizo que su impacto fuese contundente entre las audiencias y los propios actores del proyecto, entre los que se encontraba el vizconde Charles de Noailles, quien había financiado a Cocteau con un millón de francos y que aparece en el clímax de la apabullante historia.

Parte de la llamada Trilogía Orfica, compuesta por sus secuelas "Orfeo" de 1950 y "El Testamento de Orfeo", realizada en 1960, el filme cuenta con la participación del chileno Enrique Rivero, de Odette Talazac y de la reconocida fotógrafa Elizabeth Lee Miller, en su única aparición como actriz. Cada uno de ellos manifiesta una faceta del público, uno que posa su mirada frente a la pantalla que se oscurece ante una chimenea que cae lentamente.

Cada espectador es el poeta y el viaje es suyo; las puertas por abrir y cerrar, las cabezas que rotan con violencia sobre su propio eje, las quimeras de roca y barro, son creaciones de nuestras manos, y la enorme torre que escupe humo termina por derrumbarse:

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