Crítica: "Logan: Wolverine". Sangre, Adamantium y el excelente adiós de Hugh Jackman


Título: Logan: Wolverine.
Título Original: Logan.
Reparto: Hugh Jackman, Patrick Stewart, Dafne Keen, Boyd Holbrook, Stephen Merchant, Robert E. Grant, Eriq LaSalle.
Director: James Mangold.
Calificación: 5/5 Estrellas.

En la actualidad no es extraño ver cómo algunos personajes son interpretados por una gran variedad de actores, quizás, el más conocido de estos casos sea James Bond de la saga "007", quien cada cierto tiempo tiene un cambio físico sin explicación alguna. Ni que decir sobre los nombres que dan vida a los superhéroes, que están tan de moda, y que también rotan de vez en vez. Esto último lleva a pensar en un hombre y en un papel que se mantuvo durante casi dos décadas, uno por el cual será recordado.

Fue en el año 2000, cuando gran parte del mundo escuchaba por primera vez el nombre de un australiano cuya estatura (1.88 m para ser precisos) parecía no encajar con la del personaje de 1.60m. que debía interpretar, mucho menos ostentaba ese acento canadiense que el papel requería, sin embargo bastó poco más de una hora para saber algo, "X-Men" había encontrado en Hugh Jackman (Los Miserables) a su Wolverine perfecto.

Desde entonces han pasado 17 años, con altas y bajas para el personaje que inmortalizaría el mencionado actor y que, a su vez le concedería un lugar en los anales del género de encapotados. Sin embargo nada dura por siempre y ese largo recorrido, a través de nueve proyectos, ha llegado a su final; hoy, Jackman saca las afiladas garras de Adamantium por última vez en "Logan: Wolverine".


Ambientada en el 2029, la hoy sentenciada presenta a un Logan (Jackman) cansado, avejentado y cuya ferocidad se desvanece como la de una vela a punto de consumirse, resignado a pasar el resto de sus días con la suficiente paz que su estilo de vida le permite, el mutante más famoso del cine deberá unirse, una vez más, con el Profesor X (Patrick Stewart); a quien la edad ya le ha pasado factura, para proteger a una joven mutante, la primera que han visto en los últimos 25 años, de los temibles Reavers, un grupo de mercenarios encabezados por Donald Pierce (Boyd Holbrook) y el Dr. Zander Rice (Robert E. Grant).

La hija del átomo en cuestión es Laura (Dafne Keen), quien para sorpresa del protagonista tiene más en común con él de lo que se imagina, de este modo iniciará un viaje en el que se cierran ciclos y en el que cada detalle está bien aterrizado con la finalidad para darle una despedida merecedora al personaje. Con una sobriedad digna de un western clásico, el filme juega con dos factores que le dan fuerza y que se mantienen en constante crecimiento a lo largo de la trama: el desarrollo de los personajes y la composición narrativa que los lleva a rebasar los límites de previas entregas de la franquicia de Wolverine.


Sobre el primer punto señalado, vale la pena destacar el trabajo actoral del cast involucrado. La química entre Jackman y Stewart (Star Trek: La Nueva Generación) se nota natural y compleja, ambos dan de sí mismos el máximo para entablar una relación sólida y profunda, en la que cada una de sus facetas se explora de manera acertada sin dejar cabos sueltos que puedan interferir con su desarrollo.

En lo que concierne a Keen (Refugiados), éste es su segundo proyecto, y la joven española de doce años logra adueñarse del personaje desde el primer momento en el que aparece en escena. Intrigante y agresiva, la intérprete le da al elenco un toque de fraternidad que no sólo sirve para enfatizar la conexión que, al igual que su contraparte impresa, comparte con Wolverine, sino también con los demás compañeros con los que comparte créditos.

Por su parte, Boyd Holbrook (Narcos) y Grant (Game of Thrones) atinan en mostrar villanos sencillos en su composición pero despreciables en cada instante, aquí no hay antagonistas con ansias de poder infinito o con planes complicados de concretar, sino con motivaciones tangibles que el público podrá comprender con facilidad y que les da la oportunidad de trabajarlos lo mejor posible, mientras que Stephen Merchant (Life's too Short) entrega a un Caliban con el que también es fácil empatizar y por el cual se puede sentir un interés genuino.

Lo anterior lleva al segundo aspecto mencionado: el tratamiento de la historia. La hoy sentenciada se ahorra las secuencias sobrecargadas de heroísmo y coreografías estilizadas para darle a los cinéfilos un argumento crudo en el que el drama y la importancia de los involucrados está por encima de las peleas y batallas que el mundo de las capas tiene como sello distintivo. Esto no debe tomarse como un demérito de la cinta, al contrario, con un despliegue de violencia bien justificada y momentos de tensión, la hoy sentenciada hace que cada combate se sienta íntimo, peligroso y tan sanguinario como lo merecía, desde hace mucho, el personaje.


El director James Mangold (Wolverine: Inmortal) juega con la cámara de una manera elegante, con ángulos precisos en los que no se pierde nada de lo que pasa en la pantalla y en los que el manejo de la iluminación le permiten al espectador estar consciente de que la desolación acecha a los protagonistas a cada minuto. Así mismo, las referencias a "Old Man Logan" y a otros arcos del noveno arte, están presentes de manera acertada, algo que los seguidores de los mutantes agradecerán.

Con giros interesantes, una historia sólida y bien llevada, "Logan: Wolverine" es un excelente cierre de trilogía cuya propuesta de acción y drama, con sutiles toques del ya mencionado western, tiene como punto principal el enfocarse a los personajes y abordar facetas inexploradas por estos, que atrapan al espectador desde el principio. Cargada de sangre y gore, se trata, sin dudas, de una digna despedida por parte de Hugh Jackman y de Patrick Stewart de la franquicia de "X-Men", quienes salen por la puerta grande y dejan en el cine de cómics una de las mejores adaptaciones realizadas y con un  legado bien merecido.


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