Crítica: "Ouija: El Origen del Mal". El inicio de la pesadilla paranormal



Título: Ouija: El Origen del Mal.
Título Original: Ouija: Origin of Evil.
Reparto: Elizabeth Reaser, Annalise Basso, Lulu Wilson, Henry Thomas, Doug Jones, Sam Anderson, Parker Mack.
Director: Mike Flanagan.
Calificación: 3/5 Estrellas.

El mundo de los espíritus, ese vasto y rico tema ha sido uno de los principales puntos que el cine de horror ha abordado por décadas, desde las casas embrujadas hasta las producciones japonesas alrededor del tema, el contacto con lo sobrenatural siempre es un atractivo visual y narrativo que los amantes del género consideran imperdible en una obra que les erice el vello, sin embargo, después de un torrente de filmes que cada año juegan con la idea de las posesiones  espectrales, la mayoría de sus representantes han palidecido con el paso del tiempo.

Ya sea por la falta de creatividad, de elementos que en verdad causen preocupación o por la poca presencia de suspenso y miedo, los fantasmas que torturan a la gente con sus fechorías parecen ser calcas entre sí, algo que despierta las sospechas, sino las ha confirmado ya, de que el subgénero demoníaco se ha vuelto repetitivo y cansado. Pocos son los ejemplos que, en los últimos años, se han salvado de tal calificativo, como es el caso de la saga "El Conjuro" de James Wan, misma que ha demostrado que uno de los miedos más antiguos y arraigados de la cultura occidental aún puede estremecer al espectador.

La formula parece ser una bastante interesante: ambientar la historia en el pasado, en suburbio ordinario con una familia común y corriente que se convertirá en la víctima de un ente furibundo que sólo desea hacer sufrir a los que, por azares del destino, se han encontrado en su camino. Lo anterior es la piedra angular de "Ouija: El Origen del Mal", una cinta que deja en claro que no todos los juegos son divertidos.


La historia traslada al público hasta 1967, en la misma casa de Los Angeles en la que transcurrió la primera entrega de la franquicia que comenzó en 2014, con la familia Zander, cuya matriarca, Alice, a quien da vida Elizabeth Reaser (La Saga Crepúsculo: Eclipse), se gana la vida como vidente y monta sesiones espiritistas junto a sus hijas: Paulina y Doris, interpretadas por Annalise Basso (New Girl) y Lulu Wilson (Líbranos del Mal) respectivamente.

Su controvertido trabajo le ha ayudado a sobrellevar la trágica muerte de su esposo, Roger, sin embargo entre escépticos y crédulos, Alice se ha dado cuenta de que su negocio necesita algo más que le ayude a mantenerse vigente y opta por comprar un nuevo y popular juego: La Ouija.  A partir de entonces y después de que la pequeña Doris se tope con el peculiar artefacto, la casa de la familia Zander estará a merced de las almas con las que jovialmente se habían divertido.

Mientras las actuaciones son buenas, en especial la de la pequeña Wilson, la cinta sufre del problema ya mencionado: formar parte de un subgénero que se ha estancado en manejar el elemento de la posesión sin explotarlo al máximo, a pesar de ello, la premisa de la hoy sentenciada aporta características interesantes que, en el papel, son en verdad sorprendentes. Por su parte tanto Basso como Reaser, logran formar una química interesante con la villana y víctima principal de la cinta, pues cada una da balance a las interpretaciones de sus compañeras gracias a lo bien estructurado de sus personajes. Mención aparte para Henry Thomas, a quien podrán recordar por su papel de Elliot en "E.T. El Extraterrestre", y que en esta ocasión interpreta al Padre Tom, en una excelente actuación de un sacerdote que buscará ayudar a la familia.

Quienes vieron la primera entrega de la saga, quedarán satisfechos con la manera en la que se entrelazan ésta y el filme de hace dos años, pues varios de los personajes que aparecieron en la producción de 2014 están presentes en ésta y tal hecho ayuda a darle cohesión a una franquicia que se antoja más tétrica de lo que, tristemente, en realidad es.


Lo anterior da pie al guión, mismo que estuvo en manos de Mike Flanagan (Oculus: El Reflejo del Mal) y de Jeff Howard (Somnia: Antes de Despertar), pues presenta a protagonistas bien trazados, no sólo por su desarrollo sino porque, a través de ellos, aterrizan las diversas perspectivas y opiniones que giran entorno al tema paranormal, es su pluma la que, en conjunto, ofrece ideas y secuencias que son dignas de compararse con clásicos como "La Profecía" y "El Exorcista" e, incluso, con éxitos recientes como la saga sobre los casos del matrimonio Warren de James Wan. Esto no es en vano, la construcción de entornos, tensión y suspenso son interesantes, además de que atrapan al espectador desde un principio.

Sin embargo, los grandes errores de "Ouija: El Origen del Mal" están en la forma en la que se llevó lo escrito a la pantalla y en los efectos especiales, ya que la premisa termina por ser tratada en un filme que tiene un ritmo pausado y que parece no querer incrementar su velocidad sino hasta los últimos momentos de la trama, algo que podrá gustar a unos pero para quienes desean saltar constantemente de la butaca terminará por no complacer del todo.

Con respecto a los efectos se nota una fuerte influencia de las leyendas urbanas y creaciones que se han hecho populares en los últimos años en Internet: el constante uso de ojos completamente en blanco y el énfasis en rasgos faciales hacen que los villanos de la hoy sentenciada carezcan de originalidad y que con ello se pierda la oportunidad de innovar. Así mismo, es necesario recalcar que lo recién mencionado también se ve afectado por un uso distraído de los ordenadores que le da un aspecto falso al espíritu que controla el cuerpo de Doris.


No obstante, no todo es malo, así como el guión es interesante, la fotografía de Michael Fimognari (El Efecto Lázaro) es impecable y se nota su sello que juega de manera agradable con las sombras y ángulos de las escenas, además de lograr llevar al cinéfilo directamente a la década de 1960 y combinar una paleta de colores que va desde tonos fríos hasta cálidos para enfatizar en las sensaciones de los protagonistas.

Otro punto a mencionar es el cambio en la batuta de la dirección, ya que a pesar de las dificultades que Flanagan tiene, la hoy sentenciada supera en argumento y calidad a su predecesora, la cual fue filmada por Stiles White (Entrevista con el Vampiro) con críticas poco favorecedoras y destaca por la atinada manera en la que conecta los eventos de la producción original con su precuela.

En conclusión, "Ouija: El Origen del Mal" es un ejercicio interesante en su premisa, ya que juega con elementos clásicos del género como el uso de cuerdas en la banda sonora para crear suspenso y, aunque llega a utilizar los famosos scare jumps y screamers como parte de sus recursos, evita caer en el cliché de usarlos de manera recurrente, algo que muchos dirán sólo alteran al espectador y no causan una sensación de miedo que dure. Otro aspecto interesante es la construcción del villano principal, cuya voz es increíblemente otorgada por Doug Jones (Hellboy).


Una opción ideal para estas fechas en las que las historias de terror, las leyendas sobre fantasmas vengativos y las atmósferas espeluznantes se pueden enriquecer más con el popular juego de la tabla que habla que un tal Elijah Bond patentó a finales del siglo XIX y que pueden adquirir en su tienda de preferencia.   
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