Crítica: "El Conjuro 2: El Caso Enfield". El ambicioso regreso de los Warren


Título: El Conjuro 2: El Caso Enfield
Título Original: The Conjuring 2: The Enfield Poltergeist
Reparto: Vera Farmiga, Patrick Wilson, Frances O'Connor, Lauren Esposito, Madison Wolfe.
Director: James Wan
Calificación: 3/5 Estrellas

Cuando escuchamos el nombre de James Wan, inmediatamente viajamos al 2004 cuando el realizador malayo estrenaba junto a Leigh Whannell, "El Juego del Miedo" (Saw), un film que además de catapultar ambas carreras, marcó una interesante pauta en cuanto al género de horror y tortura. A pesar de que Wan no estuvo al frente de las seis secuelas posteriores, el director siguió trabajando en el apartado del horror con cintas como "El Títere" (2007), "La Noche del Demonio" (2011) y recientemente con "El Conjuro" (2013), convirtiéndose rápidamente en un personaje con característica visión y propuestas innovadoras, lo que le abrió las puertas en diversos estudios, e incluso en otros ramos cinematográficos ("Rápidos y Furiosos 7" y hoy por hoy "Aquaman" de Warner Bros.).

Subtitulada como "El Caso Enfield", El Conjuro 2 se sumerge en una historia aparentemente real de una familia disfuncional de Londres que de la noche a la mañana se ve perseguida por entes malignos que quieren surgir de entre la oscuridad con el firme propósito de hacerles salir de su hogar. Es importante recalcar que los eventos de este caso fueron los responsables de la desacreditación social del matrimonio Warren, generando todo un fenómeno de comunicación en los medios impresos de Inglaterra. Naturalmente, los hermanos Chad y Carey Hayes (guionistas) tenían el material suficiente para presentar una adaptación que cumpliera con las altas expectativas de todos los cinéfilos, que seamos honestos, son cada vez más exigentes.

Con "El Conjuro 2" sucede algo particularmente incómodo, y es que por primera vez en mucho tiempo, Wan ofrece un producto desequilibrado e inorgánico que parece una mezcla de varios otros de sus proyectos y que se pierde en sí mismo en una historia que pudo ser impactante y un verdadero parteaguas para la franquicia, que ojo, como producto final no es precisamente malo, yo diría incluso decente, pero que sí se envicia en su propia narrativa, conviertiendo a uno de los casos más terroríficos de Ed y Lorraine Warren (si no es que el más polémico), en el más inverosímil.

Desafortunadamente, el problema más grande de la hoy sentenciada es el fenómeno tan controvertido que viene acarreando James desde "Insidious": la humanización de los demonios. Por su propia narrativa, en aquella cinta que además también protagoniza Patrick Wilson, estaba justificada la manera, dígamos "física", en que aparecían las criaturas, sin embargo algo que caracterizó la primera entrega de "El Conjuro" era ese sentimiento de incertidumbre de no saber contra lo que estaban peleando Ed, Lorraine y la familia Perron. Y aunque sí hubo pequeños vistazos del rostro de uno de los famosos demonios, Wan lo manejó de manera breve y sútil permitiéndole al espectador usar su propia imaginación, porque al final del día, esto es lo que más terror puede infundir, nuestra propia mente. Con la hoy sentenciada se nos quita automáticamente este derecho, y es lo que más aleja el film de la connotación realista.
Madison Wolfe es Janeth Hodgson

Sin embargo, también debemos dejar claro que la principal ventaja de la producción son las excelentes actuaciones del reparto, y con ésto me refiero exclusivamente a Vera Farmiga y Patrick Wilson quienes retornan como los investigadores de lo paranormal y multicritícados escritores. Actriz, productora, bailarina y hasta directora, Farmiga crece dentro de la piel de Lorraine, y deja un claro estándar al que no llegan ni remotamente Frances O'Connor, Lauren Esposito o Madison Wolfe, los tres rostros nuevos más importantes. Precisamente esta última es la que mayor conflicto genera, y es que en sus hombros corre la difícil tarea de hacer o no creíble la teorrífica historia de posesión, intriga y desasosiego por la que atravesó la verdadera Janeth Hodgson en 1979 al lado de su familia. Y sí, sí tenemos los suficientes elementos gráficos que generan impacto, pero nada más allá, nada que sobrepase la pantalla y nos acelere el ritmo cardíaco como en algún punto Linda Blair lo consiguió con "El Exorcista".

El factor tiempo es probablemente otro de los más grandes detractores, y no me malinterpreten, estoy en completo favor de que una producción se tome con suficiente calma el encaminar el punto climático más importante, pero las líneas narrativas de "El Conjuro 2: El Caso Enfield" se van enviciando poco a poco y más allá de sustos predecibles y hasta confusos, no pasa realmente nada. El último tercio de la cinta crece sistemáticamente y presenta una conclusión bastante decente, sin embargo, para tal punto ya ha perdido a más de la mitad del público.

Los departamentos de maquillaje y efectos visuales merecen mención aparte, la simbiosis de caracterización aunado a los excelentes gráficos creados digitalmente, convergen en interesantes y destacables propuestas. La musicalización a cargo de Joseph Bishara es más recatada que su predecesora, pero hasta cieto punto más experimental, lo que se agradece. Las propuestas de angulación de cámara e innovación en el sentido fotográfico más estricto, no funcionan al nivel de "La Noche del Demonio" pero comienzan a marcar cierta formúla y estilo propio del realizador malayo.
Foto Original del Caso Enfield en 1979

En conclusión, "El Conjuro 2: El Caso Enfield" es un producto desequilibrado que tiene distinguidas virtudes pero significativos defectos. En cuestión visual es mucho más ambiciosa que su predecesora, pero en narrativa se opaca lentamente ante la misma. La cinta que parece ser la segunda entrega de una trilogía, nos hace pensar con mucho más inquietud en el siguiente caso de los Warren (posiblemente Amityville), y nos hace cuestionarnos si en esta ocasión, suponiendo que llegue, el film presentará finalmente todo aquello que promete: ser un efectivo y verdadero clásico de horror.
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