[Artículo Especial]: 'Los Olvidados'. El cine como crítica social


Si el arte no interpela o cuestiona la realidad de la cual proviene es vano y llano. No es su único motivo, pero si un aliciente suficiente como modo de ser.

Transcurría el año de 1950 cuando Luis Buñuel dirigió 'Los Olvidados', esta cruda historia ambientada en locaciones reales de varios barrios de la ciudad de México. Se dice que sólo duró cuatro días en cartelera. No porque fuera una mala película, sino porque era una historia que estaba muy alejada de la realidad social de aquel México y su promesa a la modernidad no estaba acorde a las buenas costumbres.

No fue sino hasta su proyección en el festival de Cannes y ganar la Palma de Oro en 1951 que se reestrenó en México con un éxito contundente: poco más de dos meses en cartelera. Ganó once Arieles. ¿Qué fue lo que provocó su censura durante esos primeros días de proyección?, ¿Por qué un sector de la población pidió la expulsión del país del cineasta Luis Buñuel?

1. La realidad mostrada en la película no coincidía con las promesas del gobierno y su transición a la modernidad. Esa llamada exageración surrealista del director estaba desbordada con lo que México era o pretendía ser. El retrato de la miseria material y humana hirió la sensibilidad del espectador, haciendo que éste no quisiera aceptar que en México existiera la pobreza.

La advertencia inicial de que “es una historia de la vida real”, no fue suficiente para que el común de los mexicanos reconocieran el retrato de algo que no es fácil de asumir como una responsabilidad social.

2. Capturar en imágenes -por medio de este arte- la indigencia de aquel que parece ha sido olvidado: el pobre. La desventura de una sociedad que permite la existencia de esos llamados cinturones de miseria. Peor aún, que una madre mexicana rechace el querer o amar a su propio hijo, para el México de aquel entonces eso no podía ser. México podrá ser de todo, pero siempre va a tener mucha madre.

Los Olvidados, será una cinta que cuenta la fatalidad del destino. “Pues ten cuidado, que también las gallinas pueden vengarse”. Es el absurdo de la vida sin tintes metafísicos. Es la cruda realidad de vivir sólo porque no queda de otra que vivir. Aquí la pobreza no está retratada como un valor moral-cristiano, sino como un contexto crudo en el que los niños viven y construyen su realidad.

"Las grandes ciudades modernas, Nueva York, París, Londres…, esconden tras sus magníficos edificios hogares de miseria que albergan niños malnutridos, sin higiene, sin escuela, semillero de futuros delincuentes. La sociedad trata de corregir este mal, pero el éxito de sus esfuerzos es muy limitado. Sólo en un futuro próximo podrán ser reivindicados los derechos del niño y del adolescente para que sean útiles a la sociedad.

México, la gran ciudad moderna, no es la excepción a esta regla universal. Por eso esta película basada en hechos de la vida real no es optimista, y deja la solución del problema a las fuerzas progresivas de la sociedad". Con una breve narración de Ernesto Alonso (quien no aparece en los créditos) inicia esta historia donde no hay lugar para la esperanza.

Durante la realización del film, la encargada de la peluquería renunció al ver la actuación de Estela Inda rechazando el afecto de su hijo. "Ninguna madre mexicana sería capaz de tal infamia". Buñuel se basó en la historia de un joven vendedor de lotería que fue encontrado muerto en un basurero para realizar el bosquejo de lo que sería el primer guión de la cinta.


Jorge Negrete y Pedro Infante se pronunciaron en contra de la película, el primero como líder del sindicato de actores (la ANDA), y el segundo en un café reclamó al director su visión del país que lo había favorecido. El realizador se disfrazó por algunos meses con un sombrero de palma, se dejó crecer la barba para conocer la realidad de los barrios circunvecinos de la capital mexicana.

La historia trascurre en un barrio, pero es universal. El actor Alfonso Mejía (Pedro en la película) en una charla mencionó en 2011: "México tiene más problemas que antes, y esos problemas como generación ustedes los tienen que componer".

Mucho antes de que existieran las recientes tecnologías, Buñuel filmó un final alternativo para darle gusto al productor –un final feliz-, sin embargo quedó el que el director tenía en mente: un final crudo y desgarrador.

Hay dentro de los diálogos de Los Olvidados frases que sintetizan un pasado que se hace presente. De ahí que la importancia de esta película que la vuelve actual y real. De ahí la responsabilidad que tiene también el cine: la denuncia social.

Pedro (a su madre): "¡Quiero portarme bien, pero no sé cómo!". Fue incluida en 2003 por la UNESCO como memoria del mundo.

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